jueves, 28 de febrero de 2008

Cruce de miradas

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Nuestras miradas se cruzan y siento un escalofrío. Como si pudieras ver dentro de mí, y decubrir lo q te echo de menos. Digo lo primero q se me ocurre, y en el silencio de la conversación q se corta suena aún más idiota. Pero no importa... ¿acaso podría decir otra cosa?
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Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
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Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta, la única libertad por que muero.
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justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
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Luis Cernuda

3 comentarios:

Divagando dijo...

Uf.. Cernuda. Precioso.
En el amor, el idiotismo está siempre presente. Pero son idiotas tiernos, queridos, deseados. No hace falta decir mucho más cuando se ama si se tiene la oportunidad de cruzar las miradas.
Un besazo.

Anónimo dijo...

"Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien"... no s� puede decir m�s con menos palabras.

O como dec�a Manolo Tena en "sangre espa�ola": cuando t� estas, tus lazos son mi libertad...

( yo y mis raras asociaciones de ideas...)

Un beso.

C.

Madame Vaudeville dijo...

Delicioso que a uno le dediquen un poema así... ¡Las hay con suerte!Hacía mucho que no leía a Cernuda. Gracias y feliz amor
Le dejo un regalo -otro, o mejor dicho, dos- en el cabaret.
Ah, y un besito, claro