lunes, 1 de junio de 2009
domingo, 31 de mayo de 2009
Guardias y Triángulos
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Oh, qué raro es esto… me pregunto cómo he podido llegar hasta aquí… me refiero a cómo he podido llegar a esto. No soy lo q esperaba llegar a ser… ni siquiera estoy cerca de parecerme al tipo que pensé que terminaría por llegar a ser… y eso es jodido, ¿entiendes? No dejo de pensar en el tipo q esperaba a llegar ser…
Diálogo de Beautiful Girls

Dentro de mi infancia hay unos años q no recuerdo. Es un gran vacío. Existe el antes, cuando pasaba los veranos en el campo cazando libélulas, cuando jugaba con mi padre al boxeo con toallas liadas en las manos como guantes, cuando usaba la ropa de camilla a modo de capote… Y existe el después, ya en los cursos de bachillerato, donde realmente creo q empecé a tener conciencia de otros yo.
Entre esos periodos nada. La separación de mis padres inicia esa etapa, en la q yo empecé a formar parte de un triángulo.
Existen muchos tipos de triángulos: geométricos, musicales, de chocolate, amorosos y/o sexuales, el de las Bermudas… Yo tenía el mío propio, y con 7 u 8 años tuve q mediar entre dos vértices.
Y no era -ahora me doy cuenta más q entonces, y más por las consecuencias q deduzco q vienen de aquello, q por lo q yo recuerdo realmente-, algo fácil.
Por eso empecé a imaginar cómo sería mi vida de mayor. Decidí huir, estar solo siempre, irme lejos -la ciudad elegida era Barcelona, ya q la había visitado de chico y me impresionó- y no volver. Si no dependía de nadie, ni nadie dependía de mí, no se podría sufrir ni hacer sufrir. Y mientras llegaba la hora de eso, me encerré en mi mismo.
Y así he seguido siempre, imaginando cómo sería mi vida si… mediando siempre entre vértices, viviendo en medio de otras vidas, y alejándome cada vez más de aquello q, fuera lo q fuera, pensé iba a ser.
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sábado, 23 de mayo de 2009
Sólo para subir

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Un edificio enorme se levanta ante mí. Ahora se que es a ese edificio al cual me dirijo. En la entrada, grupos, parejas o personas solitarias hablan del tiempo, de fútbol, de política, fuman un cigarro o hablan por el móvil.
En los cristales de la puerta intento ponerme los pelos en su sitio, y al entrar confirmo inconscientemente en el panel de información a dónde voy: novena puerta, novena planta.
Los ascensores de los edificios altos me dan miedo. Van muy deprisa y el cosquilleo que producen me resulta desagradable. Además siempre van llenos de gente y tengo que fingir cada vez que al parar en un piso me entran esas cosquillas.
La planta novena, como todas, supongo, en el edificio, se divide en dos pasillos largos a los cuales dan las puertas de las oficinas, con sus cartelitos identificativos de cada una. La novena puerta está en el izquierdo, al final del todo. Llego a la puerta y llamo, y tras unos segundos me abren.
Al rato de haber entrado salgo. No se muy bien qué ha pasado dentro, pero estoy enfadado. Llego a los ascensores y al apretar el botón se abre el mismo en el que subí. Viene vacío, y me alegra que sea así. Sin embargo no responde cuando pulso la B, de planta baja. Le doy varias veces, pero las puertas no se cierran y me bajo del ascensor, por si estuviera estropeado. Y es cuando leo un cartel que dice:
ASCENSOR SÓLO PARA SUBIR
Me quedo perplejo intentando descifrar ese mensaje tan claro. Vuelvo a llamar a los ascensores, pero se abre siempre el mismo. Decido subir y pulsar el 10. Las puertas se cierran y subo un piso. Ahora vuelvo a pulsar la B, pero no baja. Así que busco las escaleras. Al fin y al cabo es bajar, aunque sean 10 pisos.
No he bajado más que un poco cuando en el recodo de la escalera noto algo extraño, un movimiento. Los escalones empiezan a cambiar y poco a poco se inclinan, formando un rampa. Resbalo, me asusto, me agarro a la pared para no caer, pero cada vez la inclinación es mayor y me resulta complicado. Me quedo sujeto como puedo, sin saber qué está pasando, desconcertado.
Cuando los vuelvo a abrir estoy tirado en medio de la calle, frente a las puertas del edificio. La gente pasa a mi lado mirándome con caras raras. No se qué ha pasado. Me refriego los ojos con las manos. Y al abrirlos estoy despierto en mi cama.
jueves, 21 de mayo de 2009
De Vuelta...
sábado, 11 de abril de 2009
El Libro de los Sueños Olvidados
Las pulgas colgantes son unos seres minúsculos que habitan en la cabeza. Son una especie de nubes de algodón con un gancho con el cual se fijan a las neuronas. Tienen fotofobia, y por eso se pasan todo el día durmiendo y esperan a que llegue la noche para despertarse e iniciar su actividad.
Entonces, justo cuando cerramos los ojos y no entra ni una pizca de luz por ellos, empiezan a saltar de unas neuronas a otras, jugando a ver cuál llega más lejos o aguanta más tiempo enganchada a una neurona que esté muy muy alta.
Y claro con tanto moviento por ahí dentro las neuronas no pueden dormir, y para protestar crean los sueños, porque estos molestan enormemente a las pulgas, ya que las arrastran como hojas en el viento.
Tenemos mucha suerte cuando recordamos nuestros sueños. Soñar es como ir al cine sin saber qué película vamos a ver. A veces nos encontramos con pelis buenas, otras con pelis malas. Pueden ser de aventuras, románticas, de miedo, o incluso, por qué no, cine X.
Por eso es una lástima que muchos de esos sueños se nos olviden al despertarnos.Y para que no se olviden, nada mejor que apuntarlos en un libro, para que podamos releer cuando fuimos protagonistas de una peli de monstruos, princesas o piratas.
Gracias pulgas por no dejar dormir a mis neuronas.
Porque hace tiempo que no sueño, y no se puede vivir sólo recordando lo que dejamos atrás, tengo que buscar nuevas pulgas.
