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LLuvia en Sevilla - Juan Cordero RuizLlueve. Y la fina tela de agua q rodea el paraguas intensifica cada mirada y cada sonido, y la ciudad se descubre como otra, nueva y desconocida. No se cuando salí de casa porque hoy me apetecía perderme, en el espacio y en el tiempo, y pasear, sin prisas, sin recuerdos, sin intenciones. Sólo pasear. Solo. Bajo la lluvia. Y disfrutar con cada paso de la oportunidad de encontrar lo inesperado.
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En la paz y tranquilidad de la casita, Buntaro abrió ceremoniosamente la cajita de loza del té, de la Dinastía T’ang, y con igual cuidado, tomó la cucharilla de bambú iniciando la parte final del rito. Recogió hábilmente la cantidad exacta de polvo verde y lo depositó en la taza de porcelana sin asa. Una antigua tetera de hierro hervía sobre el carbón. Con la misma pausada elegancia, vertió el agua caliente en la taza, volvió a colocar la tetera sobre el trébede, y removió suavemente el polvo y el agua con el batidor de bambú, para mezclarlo perfectamente. Añadió una cucharada de agua fría, hizo una referencia a Mariko, que estaba arrodillada delante de él, y le ofreció la taza. Ella se inclinó y la tomó con igual refinamiento, admirando el verde líquido, y sorbió tres veces, descansó y volvió a sorber, apurando el contenido. Ella le volvió a ofrecer la taza. Él volvió a repetir la operación formal del preparado del cha, como era de de rigor. Después de la cuarta taza Mariko rehusó con toda cortesía. Con gran cuidado, ritualmente, él lavó y secó la taza, usando el paño de algodón; después dejó ambas cosas en su sitio. Él se inclinó ante ella y ésta le correspondió. El cha-no-yu había terminado.
- Todo intachable. ¡Lástima que otros, más dignos que yo no hayan podido presenciarlo! – añadió Mariko, y sus ojos brillaron en la luz vacilante.
- Tú lo has presenciado. Con eso basta. Lo hice sólo para ti. Los otros no habrían comprendido.
Ella sintió unas lágrimas cálidas en sus mejillas. Normalmente se habría avergonzado, pero ahora no le importaban.
- Gracias, ¿cómo puedo darte las gracias?
Él cogió una ramita de tomillo y, con los dedos temblorosos, se inclinó y recogió suavemente una de las lágrimas.
- Mi obra…, mi obra es insignificante con la belleza de esto. Gracias.
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Shogún - James Clavell
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Armonía, reverencia, pureza y calma. Éstos son los cuatro elementos que representan la Ceremonia del Té en el Japón. Todo se hace de forma q cada momento pueda ser guardado como un tesoro, porque quizás no vuelva a repetirse jamás.
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Ichi-go Ichi-e
Un encuentro, una Oportunidad
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