"Fantasía no es más que un trozo de los sueños y esperanzas de los humanos. Fantasía se está muriendo porque los hombres han empezado a perder sus esperanzas y a olvidar sus sueños”
La Historia Interminable - Michael Ende
La Nada empezó hace 16 años. Su entrada fue bastante violenta y se hizo patente desde el primer momento: afectó directamente al corazón. Su vacío provocó, como no podía ser de otra manera, que desde entonces nada fuera igual.
Sin embargo, tras la abrupta llegada, su propagación fue mucho más lenta, hasta el punto de que casi se hizo imperceptible. Pero siguió y siguió creciendo y hay pocas cosas que salvar ya de la Nada: apenas tengo sueños y he perdido la esperanza; es demasiado tarde para conseguir huir. Pocos recuerdos quedan ya para luchar en su contra, y los que quedan, ¿son reales?
La atracción que ejerce es demasiado fuerte, me arrastra hacia ella. No queda mucho tiempo para dejarse caer al vacío.
En 1687, Sir Isaac Newton descubrió lo que entonces se conocería como la Ley de la Gravitación Universal, la gravedad. Si tomamos dos
objetos, el más grande ejercerá una fuerza de atracción sobre el más pequeño,
atrayéndolo hacia sí mismo, por así decirlo. Una manzana cae del árbol. La
tierra, con mucho el objeto más gigantesco, atrae la manzana hacia el suelo. Es
bastante simple. Sólo que la teoría de Newton dejó a los científicos un
problema bastante desconcertante. Parafraseándole a usted, Dr. Farber, ¿dónde
está la gravedad? No es algo que se puede ver o tocar. No es algo que se pueda observar
al microscopio o examinarse con un telescopio.
Bien, 230 años después de Newton, un empleado alemán de
una oficina de patentes en Suiza, por fin se dio cuenta de que los científicos se
habían estado haciendo la pregunta equivocada durante todo ese tiempo. Jamás encontrarían un objeto en toda la inmensidad del
espacio llamado gravedad, ya que, de hecho, la gravedad no es más que la mismísima
forma del espacio. Ese empleado, Einstein, postuló que la manzana no cae
al suelo porque la Tierra ejerza una especie misteriosa de fuerza sobre ella. La manzana cae al suelo porque sigue los caminos y marcas
que la gravedad ha surcado en el espacio.
Y cuando hablamos de sexo, no hablamos sobre el amor, Dr.
Farber, porque el amor no se puede representar en columnas y gráficos como si
fuera la presión arterial o la frecuencia cardíaca. El amor no es una fuerza que ejerza un cuerpo sobre
otro, es el tejido mismo de esos cuerpos. El amor es eso que esculpe los
caminos y marcas. La curvatura de nuestro deseo.
Esta tarde estaba viendo una peli y sentí cierta envidia de los protagonistas por la facilidad con la que eran capaces de cambiar de trabajo, de ciudad, de no tener miedo a empezar de cero. Me pregunté a mí mismo si yo sería capaz de hacer algo así, porque en algunos momentos he creído que prodría ser bueno alejarme de aquí, en una especie de huida hacia delante.
Sin embargo tumbado en mi sofá, ahora, viendo otra película esta noche, me di cuenta de que me gusta mucho mi casa, con lo que quiero decir, generalizando, mi vida. Y por eso dudé si realmente era envidiable esa capacidad de desapego hacia lo que tienes. Tu familia, tus amigos, tu ciudad, todo aquello que nos rodea y que realmente nos hace ser cómo somos; lo que somos, definitivamente.
También hoy me invitaron a unirme a una página web de citas por internet. Una amigo que tiene otro amigo al que la ha ido muy bien ahí, según asegura el mío.
Sé que lo hace por mi bien, intentando ayudarme. Porque siempre estoy diciendo lo solo que me encuentro. Sin embargo, y aunque me queje mucho (me quejo mucho, mucho), la verdad es que soy bastante independiente y a estas alturas creo que me resultarían complicados los cambios que podría suponer una relación así, buscada por ambas partes; con una puesta a cero, en la que no importe tanto de dónde venimos como el llegar a la vez a algún sitio.
No. Prefiero esperar al imprevisto, a la casualidad. Puede que no se produzca. Lo más seguro es que no. Pero pienso que será mejor cruzarme con ella (contigo quizá, si me lees) por el camino, vengamos de dónde vengamos, sin que importe lo que cada uno llevemos andado, sin buscar llegar juntos a ningún lado, que citarnos en el km cero del desapego de lo que tenemos, de lo que nos rodea, de los que somos, de lo que sentimos. No sé si me explico.
- Déjame decir sólo esto, ¿ok? Esa mujer estaba en el mostrador tomando una muestra tras otra, ¡probó 10 sabores diferentes!
- Está permitido hacer eso.
- Está permitido probar los helados gratis, tal vez uno o dos, pero ¡no abuses de tu privilegio! Ella abusó de su privilegio para probar sabores. ¿Y sabes qué más? Estaba preocupado por la mujer que atiende en el mostrador.
- Si hubiese tenido un problema con ella no crees que le diría "disculpe señora..."
- ¡No, no! Porque le enseñaron que el cliente siempre tiene razón. Y en realidad, el cliente, por lo general es un imbécil y gilipollas.
Larry David - Temporada 6 Capítulo 3
Nos pasa lo mismo con el sistema. Nosotros estamos en el mostrador, y el sistema es nuestro principal cliente. Y dejamos que abuse de nosotros porque así nos enseñaron.
La vida es una puta mierda y no hay nada que se pueda hacer. Simplemente aguantar hasta donde se pueda y cuando no se pueda más, reventar. Que ya habrá otro que siga aguantando lo que ya no pudiste aguantar tú.
Cada vez con mayor frecuencia utilizábamos el pronombre nosotros. Es una palabra curiosa. Mañana voy a hacer tal cosa, se dice. o se pregunta al otro: ¿qué vas a hacer tú? Eso es lo lógico y fácil de entender. pero de repente decimos nosotros, y con la mayor naturalidad. <<¿Vamos en barco hasta las Langoyene a nadar>> <<¿O nos quedamos en casa leyendo?>> <<Nos ha gustado esta obra de teatro, ¿verdad?>> Y un día <<¡Somos felices!>>.
Al usar el pronombre nosotros ponemos a dos personas detrás de una acción común, casi como se tratara de un solo ser compuesto. En muchas lenguas se emplea un pronombre específico cuando se trata de dos -y sólo dos- personas. Ese pronombre se denomina dualis, o dual, que significa lo que es compartido por dos. Me parece un pronombre muy útil, porque a veces no se es ni uno ni muchos. Se es nosotros dos, como si ese nosotros no pudiera partirse.
Al introducir el dualis introducimos unas reglas completamente nuevas. <<¡Vamos a dar un paseo!>> Así de sencillo, nada más que cinco palabras que, sin embargo, describen un proceso cargado de contenido y que interviene profundamente en la vida de dos seres sobre la Tierra. Y no sólo se trata de un ahorro en número de palabras, sino también de un ahorro energético. <<¡Vamos a darnos una ducha!>> <<¡Vamos a comer!>> <<¡Vamos a dormir!>>. Cuando se habla así no necesitaremos más que una sola ducha, cocina o cama.
Joestein Gaarder - La joven de las naranjas.
Leo esto y pienso: es jodidamente bonito. Un segundo después, que es jodidamente mentira.
No me interesa tu mundo, ni me interesa tu gente. Puede que a veces le tome cariño a alguien, pero casi siempre es como tomarle cariño a una tortuga acuática: puedes observarla al sol de la terraza pero no puedes sentirte acompañado por ella. Yo no necesito a nadie; tú sí: tú necesitas un público que te admire, espejitos que reflejen distintas facetas de tu grandeza: mujer, hijos, amante, padres, amigos, clientes, empleados, viajar en primera, ganar medallas, tocar a Debussy, conducir un Lotus, satisfacer sexualmente a las mujeres. Yo no: ¿y sabes por qué?, porque la única manera en que el común de la gente puede admirar es sólo una forma velada de envidia, y yo no quiero que me envidien: me da asco, me da vergüenza, me repatea. Y te voy a decir más: es posible que durante un tiempo sí estuviera enfermo: enfermo de soledad, como el Patito Feo, o como un neandertal erguido y lampiño en un mundo de cromañones; tan enfermo que incluso llegué a recorrer el planeta tratando de encontrar al resto de los cisnes. Pero descubrí que no hay cisnes, apenas uno o dos por cada cien patos, lo mismo aquí que en Yakarta, y me costó aceptarlo, pero terminé por hacerme a la idea, Desde entonces siento preferencia por aislarme de ese mundo que habéis inventado tan mal. ¿Qué me propones?: ¿sustituir la cerveza por el gimnasio, el Metaphisical Club por un coche llamativo, las putas por una esposa a la que sólo le interese como progenitor y una amante que me la chupe de vez en cuando para compensar? Gracias pero ya estoy hecho a lo mío, disfruto de la vida a mi manera y eso es mucho mñas de lo que puede decir la mayoría.
Lo mejor que le puede pasar a un cruasán - Pablo Tusset
He llegado a un punto de ruptura a partir del cual no se puede seguir estando a ambos lados de la línea que separa mi mundo del resto de los mundos. No soy tan exagerado como Pablo Miralles, ni siquiera puedo decir que sea feliz con mi forma de vida, pero ser un iluso entre tantos secretos y mentiras me está matando. Y se acabó.
Dormidos al tiempo y al amor un largo camino y sin ilusión que hay que recorrer que hay que maldecir. Hijos del agobio y del dolor cien fuerzas que inundan el corazón te separan de ti.
Hijos del Agobio - Triana
No puedo dormir.
Y estas noches, todo lo que pienso es malo.
¿Por qué hice las cosas así?
Siempre se me ocurre algo diferente.
Y me levanto
con la sensación de que empezar de cero
es cada vez más necesario.
Pero, ¿cómo?
El tiempo pasa
y es paradójico
que las horas vayan
en contra del olvido.
- ¿Queréis decir por qué finjo? Es muy sencillo -contestó-. A ciertas personas no les gusta mi manera de vivir. Bien, yo podría mandarlas al infierno, si no les gusta no les importa. Pero no las mando al infierno, ¿comprendéis?... Dill y yo contestamos al unísono: - No, señor. - Procuro proporcionarles una explicación, ya veis. La gente se siente satisfecha si puede encontrar una explicación. - Pero no está bien, señor Raymond, que se finja más malo de lo que ya es. - No está bien, pero a la gente le resulta muy útil. Entre nosotros, señorita Finch, yo no soy un gran bebedor, pero los demás nunca comprenderían que vivo como vivo porque así quiero vivir. Jamás me había topado con alguien que quisiera deliberadamente desacreditarse. Pero, ¿por qué nos confiaba su gran secreto? Se lo pregunté. - Porque vosotros sois niños y podéis comprenderlo -dijo- y porque he oído a éste... -y con un ademán de la cabeza indicó a Dill-. Las cosas del mundo aún no lo han corrompido del todo. Deja que se haga un poco mayor y ya no sentirá asco ni llorará. Quizá crea que las cosas no están... digamos, del todo bien, pero no llorará; cuando tenga unos años más, ya no. - ¿Llorar por qué, señor Raymond? - Llorar por el infierno puro y duro en que unas personas hunden a otras... sin detenerse a pensarlo siquiera.
Matar a un Ruiseñor - Harper Lee
Si hay una razón para leer Matar un Ruiseñor, es la necesidad que tenemos de reconciliarnos con la condición humana.
Porque no deberíamos dejar de ver el mundo con los ojos de un niño, porque deberíamos saber ponernos en el lugar de los demás... tengamos esperanza.
Escogimos una encina y nos sentamos debajo. - Es que no aguantaba a ese hombre -explicó Dill. - ¿A quién, a Tom? - Al viejo, al señor Gilmer, que le trataba de ese modo y le hablaba de esa manera tan odiosa... - Es su trabajo, Dill. Mira, si no tuviésemos fiscales... Bueno, no podríamos tener abogados defensores, ¿no? Dill suspiró. - Ya lo sé, Scout. Pero su manera de hablar me ha dado náuseas; me ha puesto enfermo de veras. - Tiene que obrar así, Dill, sólo estaba inten... - No obra así cuando... - Dill, los otros eran sus testigos. - Tu padre no se portó así con Mayella y el viejo Ewell cuando los interrogó. El tono con que ese Gilmer lo llamaba "muchacho" y se mofaba de él, y volvía la mirada al jurado cada vez que Tom contestaba... - Vale, Dill, al fin y al cabo no es más que un negro. - Me importa un comino. No es justo... no es justo tratarlos de ese modo. - Ese es el estilo del señor Gilmer, Dill; a todos los trata así. Tú nunca le has visto ensañarse de veras con alguien. Vaya, cuando... mira, a mí se me antoja que hoy el señor Gilmer no se ha esforzado demasiado. A todos los tratan de ese modo; la mayoría de los abogado, quiero decir. - Tu padre no lo hace. - Atticus no sigue la regla general, Dill, él es... Atticus es el mismo en la sala del juzgado que en la vía pública. - No me refiero a eso -objetó Dill. - Sé lo que quieres decir, muchacho -exclamó una voz detrás de nosotros. Pensamos que había salido del tronco de la encina, pero pertenecía a Dolphus Raymond-. No es que seas demasiado fino, es sencillamente que te da asco, ¿verdad?
Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas, pero mi senda se pierde en el alma de la niebla. La luz me troncha las alas y el dolor de mi tristeza va mojando los recuerdos en la fuente de la idea.
Todas las rosas son blancas, tan blancas como mi pena, y no son las rosas blancas, que ha nevado sobre ellas. Antes tuvieron el iris. También sobre el alma nieva. La nieve del alma tiene copos de besos y escenas que se hundieron en la sombra o en la luz del que las piensa.
La nieve cae de las rosas, pero la del alma queda, y la garra de los años hace un sudario con ellas.
I've said goodnight
Try to sleep tight
Ah just dream of me
Go close your eyes
Cause I'll close mine
The sun will shine from time to time
Oh, just dream of me
You can say what you want
But I won't change my mind
I'll feel the same about you.
Desgraciadamente existen personajes que haciendo gala de lo que ahora llaman sevillanía, termino que no soporto, alejan más que acercan la Sevilla de la que tanto (y mal) presumen.
Esos mismos sevillanitos, que no sevillanos, son los que ha hecho que yo mismo me haya ido apartando de la Semana Santa y Feria de Sevilla, hasta el punto que este año no he visto ningún paso en la calle, y de que hace varios años que no piso el Real de Los Remedios.
Sin embargo siempre queda algo, y esta madrugá, que se ha librado milagrosamente de la lluvia, me han venido recuerdos e imágenes a la cabeza que me han hecho escribir esta entrada tan diferente a las que suelo publicar, sobre todo últimamente.
Cuando el Gran Poder Visitó a Uno en su casa
Juan Araujo, era un gran jugador del Sevilla, que tras haberse retirado del fútbol, sufrió un desgraciado percance, ya que su hijo enfermó tan gravemente que los médicos no conseguían encontrar remedio para curarlo. Araujo, muy creyente, acudía a diario a San Lorenzo, a pedirle al Gran Poder la mejoría de su hijo.
Pese a todo su hijo no pudo superar la enfermedad, y aún de luto, Araujo acudió a ver una vez más al Gran poder, y en un ataque de rabia se encaró a la imagen diciéndole "que sepas que ya no vengo más a verte, que no has querido salvar a mi hijo. Así que si quieres verme, vas a tener que venir tú a mi casa".
Unos años después, se organizó en Sevilla lo que se llamó una Santa Misión, en la que las imágenes de las Semana Santa se llevaron a los distintos barrios de la ciudad para promover la devoción. Al Gran Poder lo llevaron a Nervión, y estando en procesión, les sorprendió la lluvia. Los hermanos que acompañaban a la imagen del Señor, buscando rápidamente un lugar donde resguardarlo, vieron la puerta de un garaje suficientemente amplia para poder meterlo allí. Llamaron a la puerta, y dió la casualidad de que el dueño de aquel garaje no era otro que Juan Araujo, el cual al abrir la puerta y ver frente a ella al Gran Poder, cayó a los pies del Señor, derrumbado por la emoción de ver quien había ido finalmente a visitarle.
La Esperanza hace hablar al mudo
En Triana hay un mudo, el mudo de Triana, que todo el mundo conoce. Como buen mudo, no habla. No habla excepto con su Virgen. Porque hoy le he oído llamar al paso de de la Esperanza de Triana en la última levantá antes de entrar en la Capilla de los Marineros, en un idioma que solo ella puede hablar, pero que todos hemos entendido.
Dios te salve, Reina, Madre y Capitana.
Eres Tú nuestra Vida,
eres nuestra Esperanza
y a tus plantas, Señora,
se arrodilla Triana.
Nuestro puerto perdimos,
nuestra nave naufraga
sin rumbo en las tinieblas
de este valle de lágrimas
en el que, suplicantes,
nuestras voces te llaman.
¡Oh Misericordiosa, vuélvenos tu mirada
y lleva nuestro barco
con brisas de bonanza
a Jesús, navegante de tu divina entraña!
Capitana clemente,
dulcísima Esperanza,
siempre Virgen María,
luz que guía a Triana.
Por ella y por tus hijos,
Madre de Dios y Santa,
ruega para que un día
podamos echar anclas
en el puerto que Dios nos promete
como segura patria.
Y yo me acuerdo de mi abuelo Cándido al escuchar cantar la Salve a los costaleros de la Esperanza.
Macarena Guapa
Creo que todos hemos oído eso de ¡Macarena, guapa! ¡Guapa, guapa, guapa! Mi abuelo Curro, que no comprendía la cantidad de gente que iba a ver la Semana Santa, siempre contaba que una vez un gangoso que estaba viendo entrar a la Macarena, empezó a gritar en medio de la bulla ¡Macaena! Y todos los de alrededor gritaron ¡Guapa! Y el gangoso otra vez ¡Macaena! Y la gente ¡Guapa! Y él ¡Que no! ¡Que no! ¡Que me han robao mi caena!